Los Mentideros de Puebla
Por Alfonso Gómez Rossi
En días recientes el Rector de la Ibero Puebla, Dr. Fernando
Fernández Font, hizo una declaración ante la prensa en donde lamenta el bajo
grado de escolaridad de los candidatos a diputaciones, en las próximas
elecciones.
En el
artículo de Alberto Melchor (http://www.diariocambio.com.mx/2015/secciones/homo-sapiens/item/5803-una-vergueenza-que-el-57-por-ciento-de-candidatos-no-tengan-licenciatura-ibero)
se cita al rector exclamando:
“Es una vergüenza, pues [los candidatos] tenían que estudiar cuando
menos para que no suceda lo mismo que ha pasado en otras ocasiones (…) Lo que
tendríamos que pensar, es ver mejor que candidatos tenemos que elegir. Si les
falta una licenciatura lo que tienen que hacer es meterse a trabajar y estudiar
en serio con eso.”
Lo que crítica el dirigente
de la institución Jesuita, es que de los 146 candidatos del estado de Puebla,
sólo 43% tiene una licenciatura y de ellos sólo el 4% tiene un posgrado.
¿Por qué
debemos preocuparnos de qué nuestros candidatos a Diputados, algunos de ellos
futuros dirigentes ante el Congreso de nuestro distrito electoral, no tengan
una formación de educación superior?
Antes de contestar esta pregunta, recordemos las
declaraciones del entonces Presidente Vicente Fox, que el 11 de febrero del
2003, cuando una mujer queretana le informó que no sabía leer (pero que si
recibía su información por medio de la televisión), Chente exclamó francamente:
“¡Mejor! va a Usted a vivir más contenta.”
La declaración de Fox parece haberse convertido en
mantra para muchos políticos poblanos y a nivel nacional, uno de los mayores
exponentes de esta afirmación es el Presidente Peña Nieto.
Sólo reparemos en los videos de YouTube donde
nuestro Ejecutivo confunde un estado con otro (Colima con Puebla ver https://www.youtube.com/watch?v=LTypDXgfCuk)
o dentro de su ignorancia crea estados nuevos
(el estado de León y el de Lago de Moreno ver https://www.youtube.com/watch?v=sfKB0JcqsKo&feature=youtu.be)
o no sabe cuál libro es su favorito porque probablemente no lee.
Parecería que los políticos actuales se han tomado
las palabras de Fox a pecho; se vive más feliz siendo ignorante.
La idea es persistente en la cultura Occidental
desde que Juan Jacobo Rousseau en su novela Émile
instituyó la noción del Buen Salvaje, aquel hombre que era una mejor persona si
se le alejaba de las perversiones que acompaña el vivir en la sociedad.
El político ignorante en su medio confirmaría la
teoría de Rousseau. Parece feliz y para los que estamos fuera de sus enjuagues,
vemos que parecen pasarla muy bien; tiene cortesanos y sicofantes que lo rodean
y ensalzan su inteligencia; sale en revistas de corazón donde se les alaba el
buen gusto que poseen, sus viajes al extranjero, sus relaciones con empresarios
o celebridades importantes.
Parece que muchos de los que están en el candelero
político no tienen que poseer conocimientos académicos para llegar a la cima,
sólo tiene que pegarse a una estrella que los impulse y para ello, no se
necesita un conocimiento universitario, pero si un entendimiento social además
de una buena dosis de suerte.
El problema es cuando ya llegan al poder y aquí
regresamos a la pregunta que planteamos líneas arriba; para ser un buen
político ¿es necesario contar con educación superior? La respuesta es
afirmativa.
Ordenar sobre una nación federativa y democrática
como la nuestra requiere, un grado de conocimientos superior para entender el
contexto local y la relación que guarda este con un mundo globalizado.
La democracia requiere que sus ciudadanos y
dirigentes posean un bagaje de conocimientos que razonados por el intelecto
personal y comunitario, los llevará a escoger las mejores políticas públicas
para sus representados.
En teoría las
acciones políticas sólo deben realizarse a partir de conocimientos específicos
sobre temas especializados y en nuestro sistema social y político, se asume que
este canon de conocimientos se obtiene con una licenciatura y/o un posgrado.
El no poseer estos grados académicos implica que el
candidato no tuvo la disciplina de atenerse rigurosamente a un programa de
formación, encaminado a iniciarlo en el conocimiento de una rama de estudio, lo
que significa para nosotros--que pagamos impuestos--que los políticos sin esta
disciplina que los guíe, no tomaran la mejor decisión para sus representados.
Antes de concluir el artículo me gustaría hacer una
acotación sobre el caso de Ángel Trauwitz; hay casos dónde el candidato realizó
estudios en el extranjero, pero que no fueron reconocidos por la SEP y por lo
tanto no aparecerá documentación sobre su formación académica en los distintos
servidores de internet que nos informan sobre las cédula profesionales de los
profesionistas. Lo conocí una vez, pero por conocidos tengo entendido que su
formación es en un área técnica en hotelería y gastronomía por una institución
suiza. Debemos evaluar también que aquellas personas que estudian en el
extranjero pueden no obtener el reconocimiento de estudios de la SEP, ya que
esta tiende a no reconocer programas de ciencias sociales y humanidades de
otros países.