Los Mentideros de Puebla
Por Alfonso Gómez Rossi
El hubiera de Bancomer…
En días pasados el “Wall Street Journal”, publicó una nota
en la que se daba la notica del nombramiento de un nuevo Presidente del Banco
Bilbao Vizcaya. El nuevo dirigente bancario es Carlos Torres Vilá (http://www.wsj.com/articles/spains-bbva-appoints-new-president-1430757128).
El periódico digital de origen estadounidense, destaca que el nombramiento de
Torres Vilá enfatiza la importancia que el banco de origen español le dará al
ramo digital y tecnológico del mismo en un mundo cada vez más complejo.
Reflexionando sobre
la nota así como la importancia que tiene el Banco Bilbao Vizcaya en México
(con la compra que realizó de Bancomer en el años 2000) y en Estados Unidos con
la compra del Banco Compass (http://www.bizjournals.com/sanfrancisco/stories/2009/08/17/daily90.html)
podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que es una institución financiera
poderosa en nuestra región.
Es interesante ponderar que la historia del Banco Bilbao
Vizcaya pudiera no haber ocurrido en México, o podría haber sucedido de una
manera distinta por un incidente que ya se ha olvidado y que ocurrió en Puebla.
Fue uno de los
escándalos más sonados en la década del 30 ya que involucró al empresario más
poderoso del estado—William Jenkins--, junto con algunos miembros de la H.
colonia española y que hubiera destruido
la existencia del Banco de Comercio en México.
Pero antes de contar la historia, recordemos cómo surgió el
Banco de Comercio, antecedente de Bancomer.
El 15 de octubre de 1932 el tapatío Don Salvador Ugarte creó
en la Ciudad de México el Banco de Comercio con un capital de $500,000.00 pesos y siete
empleados.
La segunda filial del Banco capitalino se creó en la ciudad
de Puebla con el nombre de Banco Mercantil; la institución financiera poblana
estuvo conformado por capital que aportaron los hacendados y textileros fundamentalmente
de la H. colonia española de Puebla.
En la lista de patronos figuraban nombres como el de
Victoriano Álvarez (dueño del Puerto de Veracruz), Antonino Pellón (de una
dinastía importante de fábricas textiles) y el estadounidense William Jenkins,
del que hablamos en líneas superiores.
Estos hombres daban a la nueva institución un respaldo y
garantía ante la sociedad poblana de la seriedad del nuevo banco que se estaba
creando, esto con la finalidad de que las clases medias y altas de la ciudad
guardaran ahí sus ahorros.
En 1936 el banco se vio sacudido por un fraude; alguien
había falsificado la firma de William Jenkins y había sustraído una cantidad
tan grande de las arcas de la naciente institución que todo el proyecto
nacional del Banco estaba a punto de quebrar.
Manuel Espinosa Yglesias
en sus memorias “Bancomer: Logro y destrucción de un ideal”, habla del desfalco
que sufrió el banco poblano y de las consecuencias que hubiera tenido para la
otra sucursal en la ciudad de México. Otro libro de historia sobre el banco
habla del mismo incidente, pero no se dicen nombres ni que ocurrió.
En la época del desfalco era Presidente de la sucursal
poblana, el santanderino Don Antonio Gómez Fernández. Aquel español era dueño
de las haciendas de Santa Ana en Ciudad Serdán y de San Miguel del Salado en
Lara Grajales. En Puebla fue dueño de la fábrica del Carmen (cuya chimenea aún
se ve desde el museo del Ferrocarril en la 11 norte entre la 12 y la 14
poniente) y del Fabril Poblano. Nacido en 1862, para la época en que se cometió
el fraude tenía 74 años.
Considerado por sus paisanos como un hombre honesto y
conciliador (aunque quién sabe si los obreros y peones pensarían lo mismo), se
le nombró presidente del banco para mediar entre dos grupos de poder dentro de
la institución.
Una de las decisiones
que tomó Don Antonio fue darle trabajo a su sobrino Manuel Gómez Cosío dentro
de la institución bancaria. Este hecho contravenía uno de los principios del
banco, que establecía que no debían trabajar parientes cercanos dentro de la
institución.
Manuel era el pariente pobre de su tío; vio como Don Antonio
gracias a su matrimonio con una mujer acaudalada y sus hijos vivían a cuerpo de
reyes, mientras que su padre y madre—ambos con pretensiones aristocráticas--,
vivían como los parientes pobres a costillas de su tío Antonio.
Manuel perdió a su padre en la adolescencia (por problemas
de circulación le iban a amputar la otra pierna y falleció antes de la cirugía)
y para ayudar a su familia consiguió trabajo en el banco donde presidía su tío.
La idea de Manuel Gómez no era la de ser pobre… ni
remotamente.
De acuerdo a testimonio de una secretaria del banco, se puso
de acuerdo con un cajero para cobrar un cheque falsificado con la firma de
William Jenkins y sustrajo el dinero de la institución.
Cuando salió a la luz
el desfalco el banco estuvo a punto de quebrar.
Don Antonio ofreció su renuncia al puesto, pero este fue
rechazado por los demás accionistas del banco, que no lo responsabilizaron a él
del desfalco de su sobrino.
Se habló con Jenkins,
que decidió no demandar al banco con la condición de que se le restituyera el
dinero, cosa que se hizo tiempo después (no sabemos exactamente cuándo se le
devolvió la cantidad robada).
Manuel Gómez huyó del país e interesantemente, nunca pisó la
cárcel.
Jenkins que no se caracteriza en el imaginario popular por
ser una hermana de la caridad, aparentemente no le hizo nada.
Manuel Gómez invirtió
el dinero sabiamente creando en 1957 el refresco “Chaparritas” de El Naranjo (http://www.industriaalimenticia.com/articles/83950-mezgo-en-espana).
Es interesante destacar que a partir de este robo, casi desapareció
el futuro Bancomer; no sabemos que
hubiera ocurrido con Don Manuel Espinosa Yglesias, que hizo su fortuna a partir
de Bancomer y es irónico que el capital robado a Jenkins sirviera para fundar
una compañía refresquera que ha sido la alegría de incontables generaciones de
niños.