lunes, 11 de mayo de 2015

El hubiera de Bancomer…

Los Mentideros de Puebla
Por Alfonso Gómez Rossi
El hubiera de Bancomer…
En días pasados el “Wall Street Journal”, publicó una nota en la que se daba la notica del nombramiento de un nuevo Presidente del Banco Bilbao Vizcaya. El nuevo dirigente bancario es  Carlos Torres Vilá (http://www.wsj.com/articles/spains-bbva-appoints-new-president-1430757128). El periódico digital de origen estadounidense, destaca que el nombramiento de Torres Vilá enfatiza la importancia que el banco de origen español le dará al ramo digital y tecnológico del mismo en un mundo cada vez más complejo.
 Reflexionando sobre la nota así como la importancia que tiene el Banco Bilbao Vizcaya en México (con la compra que realizó de Bancomer en el años 2000) y en Estados Unidos con la compra del Banco Compass (http://www.bizjournals.com/sanfrancisco/stories/2009/08/17/daily90.html) podemos asegurar sin miedo a equivocarnos que es una institución financiera poderosa en nuestra región.
Es interesante ponderar que la historia del Banco Bilbao Vizcaya pudiera no haber ocurrido en México, o podría haber sucedido de una manera distinta por un incidente que ya se ha olvidado y que ocurrió en Puebla.
 Fue uno de los escándalos más sonados en la década del 30 ya que involucró al empresario más poderoso del estado—William Jenkins--, junto con algunos miembros de la H. colonia española  y que hubiera destruido la existencia del Banco de Comercio en México.
Pero antes de contar la historia, recordemos cómo surgió el Banco de Comercio, antecedente de Bancomer.
El 15 de octubre de 1932 el tapatío Don Salvador Ugarte creó en la Ciudad de México el Banco de Comercio  con un capital de $500,000.00 pesos y siete empleados.
La segunda filial del Banco capitalino se creó en la ciudad de Puebla con el nombre de Banco Mercantil; la institución financiera poblana estuvo conformado por capital que aportaron los hacendados y textileros fundamentalmente de la H. colonia española de Puebla.
En la lista de patronos figuraban nombres como el de Victoriano Álvarez (dueño del Puerto de Veracruz), Antonino Pellón (de una dinastía importante de fábricas textiles) y el estadounidense William Jenkins, del que hablamos en líneas superiores.
 Estos hombres  daban a la nueva institución un respaldo y garantía ante la sociedad poblana de la seriedad del nuevo banco que se estaba creando, esto con la finalidad de que las clases medias y altas de la ciudad guardaran ahí sus ahorros.
En 1936 el banco se vio sacudido por un fraude; alguien había falsificado la firma de William Jenkins y había sustraído una cantidad tan grande de las arcas de la naciente institución que todo el proyecto nacional del Banco estaba a punto de quebrar.
 Manuel Espinosa Yglesias en sus memorias “Bancomer: Logro y destrucción de un ideal”, habla del desfalco que sufrió el banco poblano y de las consecuencias que hubiera tenido para la otra sucursal en la ciudad de México. Otro libro de historia sobre el banco habla del mismo incidente, pero no se dicen nombres ni que ocurrió.
En la época del desfalco era Presidente de la sucursal poblana, el santanderino Don Antonio Gómez Fernández. Aquel español era dueño de las haciendas de Santa Ana en Ciudad Serdán y de San Miguel del Salado en Lara Grajales. En Puebla fue dueño de la fábrica del Carmen (cuya chimenea aún se ve desde el museo del Ferrocarril en la 11 norte entre la 12 y la 14 poniente) y del Fabril Poblano. Nacido en 1862, para la época en que se cometió el fraude tenía 74 años.
Considerado por sus paisanos como un hombre honesto y conciliador (aunque quién sabe si los obreros y peones pensarían lo mismo), se le nombró presidente del banco para mediar entre dos grupos de poder dentro de la institución.
 Una de las decisiones que tomó Don Antonio fue darle trabajo a su sobrino Manuel Gómez Cosío dentro de la institución bancaria. Este hecho contravenía uno de los principios del banco, que establecía que no debían trabajar parientes cercanos dentro de la institución.
Manuel era el pariente pobre de su tío; vio como Don Antonio gracias a su matrimonio con una mujer acaudalada y sus hijos vivían a cuerpo de reyes, mientras que su padre y madre—ambos con pretensiones aristocráticas--, vivían como los parientes pobres a costillas de su tío Antonio.
Manuel perdió a su padre en la adolescencia (por problemas de circulación le iban a amputar la otra pierna y falleció antes de la cirugía) y para ayudar a su familia consiguió trabajo en el banco donde presidía su tío.
La idea de Manuel Gómez no era la de ser pobre… ni remotamente.
De acuerdo a testimonio de una secretaria del banco, se puso de acuerdo con un cajero para cobrar un cheque falsificado con la firma de William Jenkins y sustrajo el dinero de la institución.
 Cuando salió a la luz el desfalco el banco estuvo a punto de quebrar.
Don Antonio ofreció su renuncia al puesto, pero este fue rechazado por los demás accionistas del banco, que no lo responsabilizaron a él del desfalco de su sobrino.
 Se habló con Jenkins, que decidió no demandar al banco con la condición de que se le restituyera el dinero, cosa que se hizo tiempo después (no sabemos exactamente cuándo se le devolvió la cantidad robada).
Manuel Gómez huyó del país e interesantemente, nunca pisó la cárcel.
Jenkins que no se caracteriza en el imaginario popular por ser una hermana de la caridad, aparentemente no le hizo nada.
 Manuel Gómez invirtió el dinero sabiamente creando en 1957 el refresco “Chaparritas” de El Naranjo (http://www.industriaalimenticia.com/articles/83950-mezgo-en-espana).

Es interesante destacar que a partir de este robo, casi desapareció  el futuro Bancomer; no sabemos que hubiera ocurrido con Don Manuel Espinosa Yglesias, que hizo su fortuna a partir de Bancomer y es irónico que el capital robado a Jenkins sirviera para fundar una compañía refresquera que ha sido la alegría de incontables generaciones de niños.