Ayer alrededor de la mesa de mi primo Roberto Cid estuvimos
platicando de política; éramos cuatro hombres de diversas edades que van desde
los 61 a los 20 y cada uno tenía una perspectiva distinta sobre las elecciones
que se avecinan.
Nuestros Primo Alfonso exclamó “!Yo no voy a votar¡ Y con
las personas que he hablado, tampoco van a votar.”
Su comentario se daba en el marco de una discusión en el que
se criticaba el contexto mexicano actual; esta opinión expresa que hasta ahora la
democracia no ha funcionado para beneficiar a los ciudadanos mexicanos, al
contrario… desde su percepción el país iba de mal en peor económica y
socialmente.
Esto es atribuible, según él, a una serie de yerros en
políticas federales de las que responsabilizaba directamente al PRI y al PAN; incluso
afirmó que no sólo él sino varios de sus amigos alegaban que tal vez nos
hubiera ido mejor con Andrés Manuel López Obrador (el AMLO para acortar la
retahíla de nombres y apellidos del tabasqueño).
¿La visión de Alfonso representará una visión generalizada
del ciudadano poblano?
Las encuestas parecen indicar que sí; será un número más
bajo de ciudadanos el que votará en las próximas elecciones que el que se
presentó a votar en las elecciones para Presidente de México.
Por supuesto que respeto la decisión de aquel comensal
indignado; los mexicanos tenemos derecho a elegir no votar o, si ejercemos el
derecho a emitir el sufragio, hacerlo por la persona que nos apetezca.
Hay moralistas
liberales y conservadores que afirmarían que la postura de no votar es errónea;
“Recordemos el pasado exclaman”: el esfuerzo que significó sacar al PRI de los
Pinos, las elecciones locales donde a candidatos del PAN se les quitaban los
triunfos para no empobrecer la postura del PRI local (como fue en el caso del candidato a Alcalde
poblano Ricardo Villa Escalera); todo el
dinero que se invierte en las elecciones para que los mexicanos tengamos el
derecho de elegir a nuestros representantes se desperdicia cuando los mexicanos
no votan… ¿Dejaremos pasar la facultad de elegir a nuestros legisladores? Y al
no ejercer el voto ¿estamos obrando correctamente?
Saco a colación otra experiencia; una compañera del colegio
que va para diputada por el Movimiento Ciudadano, me pidió el voto por Facebook,
después de que la felicité por su cumpleaños. Me preguntó que donde vivía y
después de que le di mi dirección pensamos que estaba Yo en el límite de su
distrito, pero acordamos que si me
tocaba su nombre en la casilla, votaría por ella.
Sus posibilidades de obtener el puesto son remotas, pero
finalmente reflexioné… ¿votaría por ella porque es mi conocida? ¿Votaría por
ella porque quiero hacerla feliz? ¿Refleja mis intenciones y mi punto de vista
político? Concluyo que no y que, a pesar de conocerla, no sé mucho sobre su
postura política.
El único eslogan que he visto en su campaña es “Menos foto
multas y más educación” palabras vagas y que en realidad no dicen mucho. Las
plataformas de otros candidatos a diputados son igual de ambiguos… existen
promesas de cambio--se asume que las cosas no están bien, pero mejorarán si
votamos por ellos--, pero la realidad es escuchamos historia similares desde
que comenzó nuestra democracia a nivel federal en el 2000 y la percepción es
que no mejoraron las cosas (como un aparte no votaré por mi compañera de la
escuela ya que estoy fuera de su demarcación).
Existe un hartazgo
entre hombres y mujeres mayores de 30 años que asumen que la política se ha
vuelto pan con lo mismo; los políticos son nominado por sus partidos en
situaciones misteriosas (¿cuál es el criterio para elegir a estos hombres y
mujeres? ¿Son al capricho de aquel que mueve los hilos de su partido o de la
gubernatura? ¿Realmente es la mejor decisión haberlo escogido?) y aunque haya
cifras que hablen de un México que no va tan mal de acuerdo a indicadores
macro-económicos, la percepción de la clase media es que las cosas no van bien,
pero además que no importa quien gane… todo seguirá igual. La opción de no
votar es también una respuesta a la situación que se considera desesperanzadora.
Es una facultad como ciudadanos libres de expresar nuestro desacuerdo con TODOS
los partidos políticos.
Los demás comensales a la mesa planteamos que si votaríamos,
pero en el fondo me siento igual que mi primo Alfonso… ninguno de los candidatos
refleja mis valores y dudo que transformen a México a un país que añoro.