El día
18 de junio S.S. el Papa Francisco I dio a conocer la encíclica “Alabado seas” en la que hace un análisis y propuesta sobre el
curso histórico que está tomando la destrucción ecológica de la tierra y la
posibilidad que tenemos los seres humanos de tratar de revertir esa tendencia.
El Papa
comienza hablando de San Francisco de Asís y el texto que sobre él escribió San Buenaventura
en torno a su alabanza a Dios. San Francisco de Asís--santo patrono de la
ecología y de los animales--, desarrolló una relación personal con los animales
y con lo que llamamos de manera holgada “la naturaleza.” En esta relación
particular Francisco de Asís proponía que los seres humanos somos hermanos de
los animales y todos los seres vivos gracias a que todos hemos sido creados por
Dios.
Es
interesante destacar el siguiente párrafo introductorio de la encíclica ya que
el Papa—o la persona o grupo de personas elegidas por él para escribir la
encíclica en su nombre--, escriben en un tono ominoso:
Esta hermana [la tierra] clama por el daño que le
provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha
puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y
dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón
humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de
enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres
vivientes (Laudato Si 2).
La introducción de la encíclica nos informa que
debemos pensar en la tierra como nuestra hermana—retomando la concepción franciscana
sobre nuestra hermandad con los seres vivos terrestres. La siguiente crítica de
la introducción es interesante ya que nos sentencia a los seres humanos a
reflexionar sobre cómo hemos destruido al ser vivo sobre el que vivimos y todo
lo que en el mundo existe.
Reflexionemos por qué encuentro este punto como
interesante; hay muchos ecologistas que afirmarían que la Iglesia misma a
través de su interpretación antigua de Génesis es responsable de que los
cristianos hayan explotado a la tierra y a los seres que en ella habitan hasta
afectar su misma supervivencia. En Génesis 1:28 Dios le otorga el control del
mundo al hombre, no a ningún otra parte de la creación, al afirmar “llenen la
tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, las aves del
cielo y sobre todo ser viviente que se mueva sobre la tierra.” En Génesis 2:20
Dios faculta a Adán para nombrar a todos los animales, un acto que parecería
darle mayor posesión sobre la creación divina. Esto para los ecologistas es la
justificación bíblica de la que nos hemos servido los humanos para expoliar a
la tierra y afirmar que tenemos más derechos que otros seres vivos a hacer lo
que nos place con ella.
El final del párrafo parece deslindar a la
Iglesia de esta perspectiva al afirmar que
es el pecado—aquella acción que fue la causa de separación humana de
Dios—que es responsable finalmente de las acciones humanas sobre la tierra que
la han llevado a este punto en el que nos encontramos. En esta instancia el
pecado puede ser entendido como una acción sobre la que no se usa la razón ni
la reflexión para comprender el daño que nuestra voluntad ejerce sobre la
tierra.
La encíclica propone que aún estamos a tiempo de
cambiar el curso de destrucción que se avizora en el firmamento (13) y que han
sido la apatía o lo intereses de los poderosos los que han trastornado el orden
natural de la tierra (nuevamente los pecados colectivos son causantes de la
destrucción).
Este último punto es interesante; durante mucho
siglos a la Iglesia lo que le interesaba era lo que ocurriera con las almas en
el siguiente mundo; aun encontramos oraciones en las que se menciona sobre “los
desterrados hijos de Eva” y refiriéndose a este mundo como “un valle de
lágrimas” por el que se transita de manera temporal para llegar a la patria
verdadera que es la celeste. Francisco I propone una teología menos
platónico-agustiniana (con énfasis en el mundo real de otra dimensión) a una
visión tomisto-aristotélica en donde lo que importa para el conocimiento y
mejor desarrollo del mundo es comprender la grandeza del Dios del evangelio a
través del mundo que nos rodea.
¿Qué tiene que ver esto con Puebla, querido
Lector? El mensaje papal va dirigido a los Católicos de todo el mundo. En ESTA
ciudad que culturalmente se ha preciado de ser católica desde su fundación, no
puede dejar de movernos el mensaje de un hombre que se suma al coro de personas
que nos piden reflexionemos sobre la relación que sostenemos con el mundo que
nos rodea. Si como dice el Papa y otros ecologistas, estamos a tiempo para
revertir los daños que hemos hecho contra los animales y la naturaleza recapacitemos…
por actos de voluntad podemos hacer pequeñas acciones que ayuden a no lastimar
a la tierra que nos sostiene.