martes, 23 de junio de 2015

Análisis Breve de la Carta Encíclica LAUDATO SI´ de Francisco I

El día 18 de junio S.S. el Papa Francisco I dio a conocer la encíclica “Alabado seas”  en la que hace un análisis y propuesta sobre el curso histórico que está tomando la destrucción ecológica de la tierra y la posibilidad que tenemos los seres humanos de tratar de revertir esa tendencia.
El Papa comienza hablando de San Francisco de Asís y el  texto que sobre él escribió San Buenaventura en torno a su alabanza a Dios. San Francisco de Asís--santo patrono de la ecología y de los animales--, desarrolló una relación personal con los animales y con lo que llamamos de manera holgada “la naturaleza.” En esta relación particular Francisco de Asís proponía que los seres humanos somos hermanos de los animales y todos los seres vivos gracias a que todos hemos sido creados por Dios.
Es interesante destacar el siguiente párrafo introductorio de la encíclica ya que el Papa—o la persona o grupo de personas elegidas por él para escribir la encíclica en su nombre--, escriben en un tono ominoso:
Esta hermana [la tierra] clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes (Laudato Si 2).
La introducción de la encíclica nos informa que debemos pensar en la tierra como nuestra hermana—retomando la concepción franciscana sobre nuestra hermandad con los seres vivos terrestres. La siguiente crítica de la introducción es interesante ya que nos sentencia a los seres humanos a reflexionar sobre cómo hemos destruido al ser vivo sobre el que vivimos y todo lo que en el mundo existe.
Reflexionemos por qué encuentro este punto como interesante; hay muchos ecologistas que afirmarían que la Iglesia misma a través de su interpretación antigua de Génesis es responsable de que los cristianos hayan explotado a la tierra y a los seres que en ella habitan hasta afectar su misma supervivencia. En Génesis 1:28 Dios le otorga el control del mundo al hombre, no a ningún otra parte de la creación, al afirmar “llenen la tierra y sométanla. Tengan autoridad sobre los peces del mar, las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueva sobre la tierra.” En Génesis 2:20 Dios faculta a Adán para nombrar a todos los animales, un acto que parecería darle mayor posesión sobre la creación divina. Esto para los ecologistas es la justificación bíblica de la que nos hemos servido los humanos para expoliar a la tierra y afirmar que tenemos más derechos que otros seres vivos a hacer lo que nos place con ella.  
El final del párrafo parece deslindar a la Iglesia de esta perspectiva al afirmar que  es el pecado—aquella acción que fue la causa de separación humana de Dios—que es responsable finalmente de las acciones humanas sobre la tierra que la han llevado a este punto en el que nos encontramos. En esta instancia el pecado puede ser entendido como una acción sobre la que no se usa la razón ni la reflexión para comprender el daño que nuestra voluntad ejerce sobre la tierra.
La encíclica propone que aún estamos a tiempo de cambiar el curso de destrucción que se avizora en el firmamento (13) y que han sido la apatía o lo intereses de los poderosos los que han trastornado el orden natural de la tierra (nuevamente los pecados colectivos son causantes de la destrucción).
Este último punto es interesante; durante mucho siglos a la Iglesia lo que le interesaba era lo que ocurriera con las almas en el siguiente mundo; aun encontramos oraciones en las que se menciona sobre “los desterrados hijos de Eva” y refiriéndose a este mundo como “un valle de lágrimas” por el que se transita de manera temporal para llegar a la patria verdadera que es la celeste. Francisco I propone una teología menos platónico-agustiniana (con énfasis en el mundo real de otra dimensión) a una visión tomisto-aristotélica en donde lo que importa para el conocimiento y mejor desarrollo del mundo es comprender la grandeza del Dios del evangelio a través del mundo que nos rodea.
¿Qué tiene que ver esto con Puebla, querido Lector? El mensaje papal va dirigido a los Católicos de todo el mundo. En ESTA ciudad que culturalmente se ha preciado de ser católica desde su fundación, no puede dejar de movernos el mensaje de un hombre que se suma al coro de personas que nos piden reflexionemos sobre la relación que sostenemos con el mundo que nos rodea. Si como dice el Papa y otros ecologistas, estamos a tiempo para revertir los daños que hemos hecho contra los animales y la naturaleza recapacitemos… por actos de voluntad podemos hacer pequeñas acciones que ayuden a no lastimar a la tierra que nos sostiene.


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