viernes, 22 de septiembre de 2017

ARTE ABSTRACTO EN LA IGLESIA CATÓLICA Y CONTEMPORANEIDAD.

            Esta semana las lecturas nos indican que la experiencia de conocer o sentir a Dios se puede dar a través de una experiencia que impacta los sentidos, en un tiempo y espacio geográfico específicamente determinado; en ese tenor Mircea Eliade explica que en el contexto terrenal “entramos en conocimiento de lo sagrado porque se manifiesta, porque se muestra como algo diferente por completo de lo profano… [Y] a esta manifestación de lo sagrado” Eliade la nombra hierofanía, que él define como “algo sagrado [que] se nos muestra” (Eliade, 1981, pág. 10). Esta introducción al texto de lo Sagrado y lo profano sirve para explicar el resto de nuestro trabajo. Comencemos explicando algo que es obvio para muchos: no podemos comprobar o negar la existencia de Dios, pero la Iglesia (entendida en este contexto como todos los bautizados y que ha sido entendido como el cuerpo místico de Cristo) ha apostado a que si se puede conocer y experimentar la existencia de un ser divino que tiene una relación con su creación (XVI, 2005).
Lo que la razón no puede comprobar o negar, le confiere a los sentidos un grado de validez sobre creer en la existencia de Dios y es por ello que la experiencia estética, el empleo de un pensamiento objetivo así como información verificable son importantes para constatar la existencia divina  (Lonergan, 2005, pág. 14790).[1] Es por ello que destacamos en este texto la experiencia estética: Mircea Eliade nos explica que desde tiempos antiguos han sido las experiencias de ciertas personas en relación con objetos o lugares las que determinan la sacralidad de un lugar; pero estos no son importantes por ser el objeto en sí, sino porque se han convertido en un símbolo de lo sagrado (Eliade, 1981, págs. 10-11). A partir de la hierofanía que se experimenta en el mundo se establecen lugares u objetos que son mejores que otros por el vínculo con lo divino. Eliade arguye que el orden que imponía el lugar sagrado era importante para definir un mundo que era anárquico, desordenado y agresivo fuera del lugar sagrado (Eliade, 1981, pág. 14).
Las implicaciones de la lógica de Eliade son importantes: los lugares sagrados establecen categorías que tienen como origen la presencia de lo sagrado y los espacios fuera de ellos son seculares que es un lugar problemático por ser parte de la esfera del hombre. En el caso católico, que es el que le interesa a este texto, descubrimos que hay recintos que tienen un lugar importante en la vida de las personas y en la economía de la salvación: estos espacios son los templos católicos donde se encuentre la eucaristía. El Catecismo de la Iglesia Católica nos explica que “Dios nos habla a través de la creación visible… que al mismo tiempo permite vislumbrar las huellas del Creador” (Catecismo de la Iglesia Católica, s.f., págs. 1145-1146). Es a partir de las experiencias sensibles que el católico puede verificar la existencia de Dios a través de la misa dividida en la liturgia de la palabra y la liturgia de la comunión.
Estas dos liturgias se refuerzan a partir de los objetos de culto que cumplen una función pedagógica: ilustrar qué vivieron los personajes del Nuevo Testamento o los Santos que la Iglesia reconoce. A pesar de los debates que se dieron en el cristianismo en los primeros mil seiscientos años sobre lo apropiado que era tener o no imágenes por las indicaciones del Viejo Testamento, la Iglesia Católica optó, particularmente a partir del Concilio de Trento (O´Malley, 2012, pág. 391), apostar por una experiencia estética que reforzara la experiencia de la existencia de la divinidad, a partir de la experiencia estética que se podía transmitir a partir del goce que producía las obras musicales así como la pintura  y escultura (Wuerl, Donald Cardinal y Mike Aquilina, 2013, pág. 9). Este argumento es interesante cuando reflexionamos sobre el lugar que tiene el arte en la Iglesia y en la cultura actual. Proponemos analizar brevemente el artículo “¿Puede ser el arte abstracto arte sacro?” (Papa, 2015). El arte que durante siglos se empleó para explicar lo sagrado, comenzó a partir del Renacimiento a simbolizar otras cosas para la Cultura Occidental. En el siglo XVIII Emanuel Kant definió lo que sería  a la fecha, la manera en la que comprendemos la experiencia estética que se basa en las sensaciones que produce en nosotros la visualización y sensación de ciertos objetos (Kant, 1999, pág. 258).
Medio siglo después Federico Schiller- inspirado por Kant- describió  la experiencia estética del individuo como autónoma, es decir, el goce de lo bello es una experiencia subjetiva del individuo que le impacta a él o ella de manera personal.[2]Aunque el sentir deleite es importante para ambos autores, también destacan que la comunicación  a otra u otras personas de lo que experimentamos al contemplar la belleza y las opiniones de aquellos, que pueden disentir o afirmarla opinión emitida, es imprescindible de la propia experiencia de la belleza. Schiller asocia esta capacidad de disfrutar lo bello con lo que significa ser persona ya que “tan pronto como la razón proclama que debe existir una humanidad, ha proclamado al mismo tiempo la ley de que debe haber una belleza” (Schiller, 1928, pág. 85). Afirma que lo bello es “natural” y le otorga al hombre la facultad de vivir felizmente dentro de su entorno: “La belleza conduce al hombre, que sólo por los sentidos vive al ejercicio de la forma y del pensamiento; la belleza devuelve al hombre al trato con la materia y al mundo sensible” (Schiller, 1928, pág. 100).
A partir de la noción de que se puede compartir la experiencia de lo bello con otras personas Schiller forma las ideas que serán el fundamento de su texto La educación estética del hombre. Para Kant como para Schiller es importante que la apreciación de la belleza no obliga a los sujetos a estar de acuerdo, es más, dentro de la apreciación de la belleza hay espacio para opiniones disidentes que no estén de acuerdo en nombrar a algo como bello; para Schiller la idea de decidir de manera personal si se está de acuerdo con el que afirma la belleza de alguna forma o disentir es parte de la formación estética del hombre ya que “la belleza… restablece en los hombres sobreexcitados la armonía y en los deprimidos la energía, y de esa suerte…reduce el estado de limitación a un estado integridad absoluta y hace del hombre un todo completo en sí mismo” (Schiller, 1928, pág. 97).La interpretación que da a la experiencia estética da pie a que se pueda hablar con libertad de la indeterminación que provoca la estética desde la perspectiva personal de cada persona y este intercambio verbal y público de ideas impacta las relaciones del ciudadano con sus pares y con el Estado. En ese caso, el arte se vislumbra como un medio que provoca experiencias individuales que le brindan la libertad al hombre y justifican al arte abstracto.
Clemente Greenberg justifica las teorías de Schiller y Kant porque para él, el arte abstracto era superior al resto del arte de otros periodos históricos (Greenberg, 1986). Para hacer esta aseveración utilizó el método histórico para demostrar que las artes estuvieron subordinadas a la literatura y trataron de amoldarse a los cánones de esta disciplina artística durante los siglos XVII y XVIII.  En Towards a Newer Laocoon postula la idea de que las artes se emancipan de esta sujeción a fines del siglo XIX y esta independencia tiene como consecuencia que las artes se vuelvan puras. Es la pureza la que distinguirá a las artes una de otra y las convierte en lo que deben ser a través de la expresión propia de sus medios (Greenberg, 1986). Greenberg describió que el arte abstracto era necesariamente la escala artística a la que debían llegar todas las demás artes y que al hacer esto, llegarían a su nivel más alto de pureza (Greenberg, 1986)
A pesar de lo que afirma Greenberg podemos cuestionar que el arte abstracto sea un buen medio para la Iglesia y empleamos el argumento de Papa sobre la importancia que tiene el arte para comprender y participar de la liturgia. La respuesta es que el arte abstracto basado en las teorías de Kant, Schiller y Greenberg podrán liberar al alma, pero la función de la liturgia es conducir a la persona a su salvación final y el arte abstracto no hace esto por las interpretaciones erróneas que se puedan extraer de ellas.

Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica. (s.f.). Obtenido de Segunda Parte: Celebración del misterio cristiano: http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s1c2a1_sp.html
Eliade, M. (1981). Lo sagrado y lo profano. Madrid: Guadarrama.
Greenberg, C. (1986). Perceptions and Judgements: 1939-1944.” The Collected Essays and Criticism vol. I ed. John O’Brian. . Chicago y Londres: The University of Chicago Pres.
Kant, I. (1999). Crítica del juicio. . México: Editorial Porrúa.
Lonergan, B. (2005). Insight: Collected Works of Bernard Lonergan volume 3. Toronto: University of Toronto Press.
O´Malley, J. O. (2012). The Council of Trent (1545—63) and Michelangelo's "Last Judgment" (1541). Proceedings of the American Philosophical Society, Vol. 156, No. 4, 388-397.
Papa, R. (16 de Julio de 2015). Aleteia. Obtenido de ¿Puede ser el abstracto también arte sacro?: https://es.aleteia.org/2015/07/16/puede-ser-el-abstracto-tambien-arte-sacro/
Schiller, F. (1928). La educación estética del hombre: En una serie de cartas. Madrid: Espasa.
Wuerl, Donald Cardinal y Mike Aquilina. (2013). The Church: Unlocking the Secrets to the Places Catholic Call Home. Nueva York: Random House.
XVI, B. (2005). Encyclicals. Obtenido de DEUS CARITAS EST OF THE SUPREME PONTIFF BENEDICT XVI: http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/en/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html


           






[1] [Referimos al lector a la obra de Bernard Lonergan de cómo racionalmente comprobar la existencia de Dios. En el caso de este trabajo, sugerimos que los puntos 23 y 24 son los más relevantes ya que describen como a partir de un razonamiento particular se puede llegar a la conclusión de la existencia de Dios].
[2] [La capacidad de gozar de lo bello no impacta en si a la forma].

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