martes, 15 de agosto de 2017

La Iglesia de Santo Domingo en Puebla.
La finalidad de este trabajo es analizar los elementos arquitectónicos y la importancia cultural de la Iglesia de Santo Domingo en Puebla, pero principalmente del altar mayor. Casi todos los trabajos que tratan sobre este templo poblano describen y explican la belleza estética de la capilla del Rosario, pero esta tarea en específico se encarga de analizar la fachada, altar y nave central de la Iglesia de Santo Domingo. Por estas consideraciones dividimos el trabajo en las siguientes secciones, cada una analiza elementos de la orden y la manera en la que encajan en el templo:
2.- Historia de los Dominicos en Puebla
1.- Historia de la Orden de los Predicadores
La nave principal está diseñada para recordarle al visitante la obra importante que realizaron los miembros de la orden dominicana para el catolicismo; en ese sentido, la iglesia es un texto que conmemora las obras de distintos miembros de la orden de Predicadores.[1] Si nos detenemos a contemplar la fachada del templo, veremos la imagen de dos perros recostados sobre la puerta de la entrada principal que parecen mastines; entre ellos una imagen del arcángel San Miguel. Sobre el ventanal una imagen de Santo Domingo de Guzmán hecha en mármol de Tecali al centro superior de la fachada y una cruz de Calatrava flordelisada que representa la heráldica de la orden en yeso:[2] a los extremos de esta están dos perros que con sus patas columpian sendos globos. ¿Qué significan estos elementos artísticos? Los explicamos a continuación:
Tabla 1: La fachada de Santo Domingo en Puebla[3]
Santo Domingo de Guzmán nació entre 1170 y 1173 en Caleruega, aldea del reino de Castilla. Su familia era acomodada, como se constata por el hecho de que ingresó como estudiante y posteriormente canon o arcediano de la catedral de Osma. Hagiógrafos y biógrafos posteriores explicaron que su padre Félix era miembro de la casa noble de Guzmán y su madre Juana de Aza también provenía de una familia titulada, aunque estas son especulaciones de biógrafos posteriores a la primera biografía de Domingo, titulada Libellus y que escribió el Beato Jordán de Sajonia que lo conoció personalmente (Leicht, 1981, pág. 437). En la fachada se contempla un total de cuatro perros: de acuerdo con una
Leyenda [se] narra una visión que su madre, la Beata Juana de Aza, tuvo antes de que Santo Domingo naciera. Soñó que un perrito salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca. Incapaz de comprender el significado de su sueño, decidió buscar la intercesión de Santo Domingo de Silos, fundador de un famoso monasterio Benedictino de las cercanías. Hizo una peregrinación al monasterio para pedir al Santo que le explicara el sueño. Allí comprendió que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo en el mundo por medio de la predicación. En agradecimiento, puso a su hijo por nombre Domingo, como el santo de Silos (Dominicos, s.f.).
Aunada a esta leyenda está el nombre de la orden que en latín es dominicanni, interpretado por algunos estudiosos como “Los canes del Señor”, encargados de servir a Dios tan fielmente como lo haría un perro a su amo humano (Hearne, 2007, pág. 24).
El arcángel Miguel era la advocación bajo la que se puso el templo de los dominicos en Puebla, pero los poblanos conocieron a la iglesia como Santo Domingo por ser la orden de los dominicos quienes atendían el espacio (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 360). Como remate a la fachada está la cruz flordelisada que usaron los dominicos como parte de su heráldica para ser reconocidos por la feligresía, y que algunos autores aseguran es la cruz heráldica de la familia de Aza, la madre de Domingo (ver imágenes en tablas 2 y 3). Analicemos ahora el rol de Santo Domingo y de sus hijos espirituales para entender la decoración del templo.
Tabla 2: Cruz de los dominicos[4]
Tabla 3. La cruz de la familia De Aza o Daza[5]
            Un accidente histórico marcó la vida de Domingo de Guzmán: En 1203 Alfonso VIII monarca de Castilla y León decidió solicitar la mano de una princesa danesa y mandó como embajadores para aquella misión a Domingo de Guzmán y a Diego de Acevedo, el Obispo de la diócesis de Osma (Sajonia, 1964, pág. 13). En el camino hacia las Marcas, transitaron por la región de Occitania (en el actual sur de Francia), que durante los siglos XI y XII se caracterizó por ser el escenario de confrontación entre los cátaros o albigenses y la Iglesia Católica (Ashley, 1990). No le dedicaremos mucho espacio a analizar la herejía, y sus creencias, pero es indudable que la confrontación con los albigenses le dio forma y propósito a la vida posterior de Domingo de Guzmán y a su orden.
 Domingo contempló como la herejía ganaba adeptos a partir de críticas al clero católico y el énfasis que los albigenses pusieron a la importancia de la pobreza económica, de la castidad y del estudio de los Evangelios para comprender lo que Cristo quería de la humanidad. Domingo advirtió que para rescatar las creencias católicas, pero sobre todo a las almas de los albigenses, era necesario cambiar las estrategias que hasta ese momento se habían dictado desde Roma para regresarlos a la fe católica (Pepler, The Dominican Spirit, 1945, pág. 86). Mientras que Roma había mandado prelados ataviados con lujo acompañados de servidumbre y caballos, Domingo propuso que sus seguidores viajaran a pie, hicieran un voto de pobreza y se cultivaran intelectualmente para evangelizar a los albigenses empleando métodos similares a ellos enmarcados dentro de la espiritualidad católica (Sajonia, 1964, pág. 45).
            La labor evangelizadora de los dominicos tiende a ser vista de manera extrema por los aliados y enemigos de orden. Sus enemigos afirman que el trabajo de predicación de Domingo era incoherente, que era dramático y que expulsaba espuma por la boca (Laveaga, 2007, pág. 94). Se le acusa también de haber apoyado a Simón de Montfort en la Cruzada contra los Albigenses (1209-1229) y que su intolerancia fue responsable de la fundación de la Inquisición (1229) (Pepler, The Dominican Spirit, 1945, pág. 89). Que en el debate en contra de los Cátaros en 1204 perdió el debate y al hacerlo, también perdió el catolicismo que se vio obligada a defender su postura a través de la Cruzada en la región de Provenza (Churton, 1987)
Para los defensores de Domingo, este fue un hombre coherente y claro en su modo de hablar: para prueba está la historia del posadero con el que habló toda la noche y que se convirtió al catolicismo al amanecer (Sajonia, 1964, pág. 18). Se observa también en su capacidad de convertir a unas mujeres albigenses al catolicismo a las que les consiguió una casa y que fue el primer monasterio dominicano en la ciudad de Prouille (Sajonia, 1964, pág. 26).  Convenció a varios albigenses de retornar a la Iglesia Católica, no apoyó a la Milicia de Cristo que luchó con Montfort contra los albigenses y tampoco fue responsable de la Inquisición, que surgió años después de su muerte (Knight, 2012).
            Imposible dilucidar que es verdad o mentira entre las dos versiones: lo que nos importa es que Domingo a partir de su experiencia con los albigenses fundó a la Orden de los Predicadores, que como lo dice su nombre, buscaban predicar la palabra del Dios de los Evangelios dentro del contexto de la Iglesia católica (Knight, 2012). A la vez, adoptó la Regla de San Agustín como la constitución que guiaría los pasos de la orden (Sajonia, 1964, pág. 42). Los dominicos se constituyeron en tres ramas: La primaria que era la de los Frailes, la secundaria que era de las Monjas y la terciaria que era de seglares que seguían la espiritualidad de Domingo, ya fuera dentro de comunidades que siguieran la regla o llevando a cabo vidas normales, sin ser monjas o sacerdotes (Knight, 2012).
            En la visión de Domingo era importante que sus hijos espirituales realizaran un trabajo de evangelización en diversas partes de Europa y, durante su vida afirmó que dejar a los frailes de su orden naciente juntos era un error, “ya que el trigo que permanece junto se pudre;” los mandó en pares por distintos lugares de Europa como misioneros con la finalidad de llevar las enseñanzas católicas  a Francia, Italia, España e Inglaterra (Sajonia, 1964, pág. 65).[6] A su muerte en 1221 en la ciudad de Boloña había sentado las bases para una orden religiosa que se caracterizaría por su rigor intelectual, su devoción a la Iglesia católica, por la creencia de que es necesario salvar las almas de las personas y por participar en la universidad medieval y la inquisición con la finalidad de lograr los objetivos de Dios y la Iglesia Católica (Leicht, 1981, pág. 437). Uno de los aspectos que no se debate es la relación entre el fundador de los dominico y el Santo más popular del catolicismo: Francisco de Asís. En sus templos en Puebla encontramos elementos comunes que muestran la amistad entre Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís.
            Santo Domingo y San Francisco vivieron en el mismo período histórico, a fines del siglo XII y principio del XIII de lo que ahora denominamos la Baja Edad Media (1200-1453 d.C).En aquel momento la sociedad feudal experimentaba una serie de cambios políticos y sociales que estaban transformando la economía feudal de manera visible y redefiniendo conceptos del rol de los individuos frente a la Iglesia y su gobierno: Estado, Monarca, Papa el rol de la religión, filosofía aristotélica y los comienzos de una economía capitalista comenzaron a desarrollarse en aquel período  (Pepler, The Dominican Spirit, 1945, pág. 88).
En ese esquema de cambio, las ciudades comenzaron a hacerse más grandes con la migración de siervos y aldeanos que escapaban de la pobreza económica del campo para buscar mejores oportunidades dentro de las urbes europeas. El cambio poblacional generó una crisis en la espiritualidad católica medieval: un gran número de ciudadanos se encontraban al margen de la religión católica y alejándose de los preceptos cristianos que el papado consideraba necesarios para la salvación de las almas. En este esquema complejo surgieron las órdenes mendicantes que promocionaban una mezcla de religiosidades que trataban de incorporar las creencias medievales con las nuevas realidades económicas y sociales que significaron el declive del feudalismo (Rosenwein, Barbara H. Y Lester K. Little, 1974, pág. 16).
Las órdenes mendicantes serían las encargadas de llenar los huecos que dejaba el clero diocesano así como las órdenes monásticas que permanecían fuera de los centros urbanos y que no se daban abasto con el flujo de personas que llegaron a sus diócesis (Andrews, 2006, pág. 115). Como su nombre indica, las órdenes mendicantes tenían el propósito de vivir de la mendicidad católica; es decir que querían vivir en la pobreza como Cristo lo había hecho de acuerdo a los Evangelios, pero al mismo tiempo deseaban ayudar a las personas más desprotegidas por la sociedad feudal que vivían en las ciudades  (Pepler, The Dominican Spirit, 1945, pág. 88).
Entre las órdenes mendicantes que destacaron en el medioevo y hasta la Reforma Protestante se encuentran los franciscanos y los dominicos, ambos integrados a la familia de los mendicantes pero con espiritualidades distintas: mientras que los dominicanos u orden de Predicadores proponían un conocimiento de Dios a partir del estudio, particularmente de Aristóteles y Tomás de Aquino, los Franciscanos promovían un acercamiento a Dios a partir de la pobreza y la entrega al prójimo (Andrews, 2006, pág. 105). Los fundadores de ambas órdenes eran contemporáneos y de acuerdo a las crónicas de aquella época, los dos se conocieron y trataron en Roma lugar del que surgió una amistad que estrecharían el resto de sus vidas. José Salvador Hernández Contreras, O.P.  Narra una leyenda que explica por qué surgió  la amistad:
Cuenta  la tradición, que un día que estaba Santo Domingo en Roma pidiendo al Papa aprobase la fundación de su Orden, tuvo un éxtasis:
Vio a Cristo suspendido en el aire y en actitud de arrojar sobre el mundo tres lanzas que tenía en su mano debido a la corrupción que reinaba en la tierra. La Virgen María viendo a su hijo en tal estado exclamó: ‘¡Hijo mío!, ¿Qué vas a hacer? Ten compasión de la humanidad. Voy a proporcionarte dos siervos fieles que lucharán para someter al mundo a tu voluntad.’ Cristo contestó a su Madre ‘Quisiera que me presentaras a esos dos hombres.’
La Virgen presentó a Domingo de Guzmán y a Francisco de Asís a Cristo: él entonces dijo: ‘En efecto estos son verdaderos siervos míos. Estoy seguro que pondrán gran empeño en hacer lo que has dicho Madre.’
Al día siguiente después de la visión y estando Domingo en la iglesia de Roma, coincidió con Francisco en misa. Los dos se abrazaron y besaron, y Domingo le dijo: ‘Tú eres mi compañero; conmigo recorrerás el mundo. Establezcamos entre nosotros un compromiso de colaboración. Seamos fieles a Cristo, y no habrá adversario que pueda vencernos.’
De allí data la tradición de que en la fiesta de San Francisco, los dominicos se reúnen con ellos y celebran la Eucaristía, y de la misma manera, los hermanos Franciscanos en la fiesta de Santo Domingo.
Tabla 4. La Virgen presentando a San Francisco y Santo Domingo. Detalle retablo mayor.[7]
Los hijos espirituales de ambos, asumieron que la amistad entre los dos santos, significaba la unión fraternal de ambas órdenes religiosas en sus primera, segunda y tercera ramas. La tradición de la amistad de Francisco y Domingo es parte de la historia del arte de sus respectivas Iglesias: en los templos de ambas órdenes encontraremos las imágenes de ambos santos en diversas partes de la decoración de los edificios católicos y anglicanos. En el retablo principal de la Iglesia de Santo Domingo se ve la importancia que se le dio a la amistad de los santo: al centro se encuentra San Francisco de Asís y debajo de él su amigo Domingo de Guzmán.
Tabla 5. Retablo mayor templo de Santo Domingo en Puebla[8]
El retablo es importante en el contexto del templo dominicano, ya que en él se encuentran los santos más importantes de la orden hasta el siglo XVII. Cada una de las imágenes representa una hagiografía particular que reafirma el rol de la religión a partir de la espiritualidad dominicana. Dentro de la Orden en la Edad Media sobresalen otras dos figuras que transformarían la comprensión del catolicismo desde una perspectiva dominicana, ambos doctores de la Iglesia: Catalina de Siena (1347-1380) y Tomás de Aquino (1225-1274), que vemos en el retablo del ábside y que de acuerdo a la investigación de Fray Antonino Peinador, OP se ve a Tomás a la mano izquierda de Santo Domingo, y a Catalina en la misma hilera pero a la extrema derecha de Santo Domingo.[9]
En el caso de Catalina, esta fue una mujer de la República de Siena que era de la tercera rama de la familia dominicana. Fue una mujer que tuvo el don de la profecía y que obtuvo el respeto de laicos, sacerdotes, Papas y Obispos. Abogó por que el papado dejara la Corte de Aviñón y regresara a Roma, lo que logró con el Papa Gregorio XI aunque esto no durara mucho tiempo, pues el Papa murió a los pocos meses de malaria (Butler, 1864).[10] A pesar de que su intervención parece infructuosa en la perspectiva del tiempo, sus escritos místicos, el estigmatismo que padeció hicieron de su figura una de las mujeres dominicanas más admiradas para las generaciones posteriores (Butler, 1864). En la Iglesia de Santo Domingo cuenta con su capilla, que para Merlo fue en hasta mediados del siglo XVIII la capilla de San Juan Nepomuceno (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 372).
Tabla 6. Altar de Santa Catalina de Siena[11]
El otro Santo destacado fue otro italiano, Tomás de la familia noble de Aquino, los castellanos de Rocca-Secca. Vástago de una poderosa familia que probablemente estaba emparentada con los Hohenstaufen, Tomás entró a Monte Cassino con los benedictinos con la finalidad de ampliar el poder de su familia (Cavanaugh, 1932, págs. 3-6). Estando ahí descubrió a los dominicos y su carisma, queriendo ingresar a la orden a pesar de ir en contra de los deseos de su familia. Entrar a la Orden de los Predicadores lo puso en contacto con las corrientes escolásticas del momento y con la filosofía aristotélica que había sido re descubierta en Europa Occidental, gracias a los árabes que lo habían traído a Europa a través de la península ibérica (Cavanaugh, 1932, pág. 64).
Tabla 7. Santo Domingo de Guzmán al centro, Vicente Ferrer a su derecha y Tomás de Aquino a la izquierda.[12]
            Tomás de Aquino sería importante en el desarrollo de una filosofía y teología que vinculaba al conocimiento de Dios en los evangelios al estudio del mundo natural. Asumía que el mundo natural era un reflejo de las verdades contenidas en la Biblia y que estas sólo reforzaban al Dios cristiano. Propuso que para conocer la voluntad divina se podía estudiar la naturaleza para comprender los designios divinos. A través de la Suma Teológica, su obra central, explicó y expuso todos los conocimientos de su tiempo y los explicó desde una perspectiva católico-aristotélico que fortaleció al catolicismo hasta el siglo XVII (The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge Vol. XI, 1911, pág. 426). Su tarea monumental fue tan importante que en 1879 (seiscientos años después de su muerte), el Papa León XIII  a través de la Encíclica AEterni Patris explicó que para confrontar al mundo moderno era necesario emplear las técnicas de Tomás de Aquino (XIII, 1879). Santo Tomás también tiene su capilla que de acuerdo a Merlo “ha perdido todas sus características originales y se ha habilitado hoy con un altarcito neoclásico sin mérito alguno” (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 370).
Tabla 8. Capilla de Santo Tomás de Aquino[13]
Serían esos tres Santos de la orden los que impulsarían el desarrollo y estatus de la Orden de Predicadores dentro de Europa y posteriormente a través del mundo dándole gran importancia a la Orden en la cosmovisión católica, pero antes de dejar esta sección, debemos reflexionar sobre otros tres beatos de la Orden que serán importante en la experiencia estética que se desarrolla frente a nuestra mirada en la Iglesia de Santo Domingo en Puebla: Enrique Suzón, Alano de Arrupe (o de Roche) y Reginaldo de Orleans.
Enrique Suzón es importante en nuestra narrativa ya que él sería instrumental en el desarrollo de una teología estética que caracterizaría al dominicanismo Barroco. Ponderemos por un momento la incongruencia que existe entre una orden que se caracteriza por ser mendicante, que a la vez construyera templos tan magníficamente aderezados durante los siglos XVI y XVII. El motivo por el que se dio el quiebre entre la pobreza de la orden y la riqueza de la decoración es por las teorías estéticas que el Beato Enrique Suzón tuvo, en el que propuso construir templos ricos en decoración que sirvieran para dar gloria al Señor presente en la eucaristía (Graef, 1941, pág. 356). Para Suzón la experiencia estética es primordial para poder entrever a Dios, pero esta sólo existe a partir de “un fuerte intelecto que se deje en libertad” (Rozenski, 2008, págs. 59-60). Experimentar a Dios de acuerdo a la Vita se logra a partir de escuchar música y la visualización de objetos vinculados a la divinidad. Para Suzón la visualización de imágenes transporta al alma a “reinos visionarios… pero es la música la que evoca las experiencias reveladoras más intensas e íntimas” (Rozenski, 2008, pág. 60) conduciendo al participante a lo divino. Gracias a su visón podemos entender que en la construcción de las iglesias dominicanas se busca conducir al alma hacia la salvación a partir de experiencias estéticas (Drane, 2015, pág. 124).
Tabla 9. Beato Enrique Suzón en el templo de Santo Domingo en Puebla[14]
            Reginaldo de Orleans y Alano de Arrupe (o de Roche) serían importantes en la devoción mariana que caracterizaría la orden. De acuerdo a una leyenda, Reginaldo entró a la orden para poco después caer gravemente enfermo (Sajonia, 1964, pág. 58). Domingo de Guzmán rogó al cielo que no le quitaran a tan valioso ayudante y en una visión se le apreció la Virgen acompañada de Santa Catalina de Alejandría y Santa Cecilia. Le ordenó a Reginaldo que contemplara un hábito, que sería el hábito de la Orden de Predicadores (Catholic.net, s.f.). Sobrevivió a su enfermedad y les enseñó lo que la Virgen quería como uniforme de la Orden. El uniforme consta de dos colores: el blanco y el negro. Existen dos interpretaciones que explican los colores: el blanco representa la luz, mientras que el negro es la obscuridad por la que se debe pasar para poder llegar a la luz. En otra interpretación el blanco simboliza pureza mientras que el negro simboliza penitencia y mortificación (Habits, 2009-2017). Recientemente hay académicos que cuestionan la veracidad de la leyenda y explican que el hábito de los Cánones agustinos de la catedral de Osma, a la que pertenecía Santo Domingo y que este sólo adaptó el hábito a su orden naciente. Otra versión cuenta que el blanco y el negro eran los colores heráldicos de la casa de Guzmán, a la que pertenecía la madre de Santo Domingo (Habits, 2009-2017). Aunque no sabemos cuál es el origen del hábito, en el tiempo del que nos ocupamos de Santo Domingo encontraremos la combinación de colores blanco y negro en el altar mayor y el púlpito y es un símbolo distintivo de la Orden de Predicadores.
Tabla 10. Pulpito de Santo Domingo con los colores de la orden rematados por cuentas del Rosario.[15]
            Alano de Arrupe (o de Roche) es el otro hombre importante para la devoción mariana del Rosario dominicano. Hay debate sobre sí la Virgen María se le apareció a Santo Domingo o no para enseñarle la devoción del rosario en Prouille en 1208. Esta leyenda surgió de una visión o sueño que tuvo Alano de Arrupe en el siglo XV en la que el Santo le explicó que meditaba el rosario durante su vida, pero fuera del dicho de Alano no hay pruebas de que esto sea verdad (Wills, 2006, págs. 3-6). El llevar la cuenta de las oraciones con objetos es algo que se hacía en las religiones musulmana e hindú (Johnson, 1997, págs. 5-6). Los anacoretas cristianos llevaban la cuenta de los padres nuestros que rezaban con piedras que los ayudaban a llevar la cuenta de las veces que lo habían rezado. Aunque probablemente Domingo no recibió el Rosario, Alano se encargó de propagar la devoción por Europa Occidental en la Baja Edad Media (Wills, 2006, pág. 8). Fundó una serie de cofradías que buscaban ayudar a la salvación espiritual de las personas, orar por las necesidades físicas y espirituales de los miembros de la familia dominicana (Johnson, 1997, pág. 371). Gracias a su labor, se vinculó la devoción al rosario con la familia dominicana y en el siglo XVI el Papa Pío V declaró a la Virgen del Rosario como la victoriosa de la Batalla de Lepanto y su devoción del Rosario no sólo como una versión dominicana, de oración sino que encomió a los católicos a orar siguiendo el modelo dominicano (Johnson, 1997, pág. 65).
Tabla 11. Capilla del Rosario, templo de Santo Domingo Puebla[16].
            La finalidad de explicar estas breves biografías dominicanas es contextualizar la decoración y el simbolismo de la Iglesia de Santo Domingo: cuando entramos al templo dominicano lo que en realidad hacemos es una lectura de los éxitos de la Iglesia católica a través de los dominicanos: el triunfo de la orden de Predicadores era también el éxito del catolicismo. Cada imagen o color de la orden, comprobaba la veracidad de la teología y espiritualidad dominicana y el servicio que le había prestado al catolicismo desde la Cruzada contra los albigenses.
2.- Historia de los Dominicos en Puebla
La Orden de Predicadores llegó a la Nueva España  en 1526 con la finalidad de hacer trabajo misionero con la población indígena (Ulloa, 1977, pág. 276). Los franciscanos habían sido la primera orden mendicante en arribar y escogieron los territorios que les parecieron mejores, dejando pocas opciones para los dominicos y agustinos que llegarían después. A pesar de ello, a los hijos espirituales de Santo Domingo les tocó evangelizar la alta y la baja Mixteca. Sus misiones se extendieron por los territorios que iban de Tepoztlán en el estado de Morelos e Izúcar de Matamoros en Puebla a Oaxaca hasta las costas de Huatulco. A pesar de que llegaron en 1526, posterior a la llegada de los franciscanos, en la diócesis Carolense o de Tlaxcala ya se encontraba un Obispo de la Orden de los Predicadores, Fray Julián Garcés. El Obispo de acuerdo a la tradición local, tuvo un sueño en donde veía como los ángeles trazaban calles en el valle de Cuetlaxcoapan, aunque esta leyenda es cuestionada en la actualidad, no cabe duda de que cuando se fundó la Puebla de los Ángeles, el Obispo Garcés pensó en la orden a la que pertenecía al asignarle dos manzanas al noreste de lo que sería la plaza central del proyecto de ciudad (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 359).  Se cree que los Dominicos ya estaban presentes en Puebla desde 1533 por “que en 1534 ya se habla de un vicario de la Orden y se estaba edificando la primera Iglesia” (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 359).
            Las manzanas donde se encontraba la Iglesia experimentaron varios cambios en los siglos XVI y XVII. En el siglo XVI se dieron tres modificaciones arquitectónicas a la Iglesia y Convento:
            a).- 1535 Casi todo el convento estaba concluido
b).-  En 1549 “se concluía el primer templecito formal de muros pesados y techumbre de viguería” (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 360)
c).- Se comenzó a remodelar el templo en 1571 “cuando los muros externos comenzaron a cubrir la Iglesia primitiva”
d).- En 1574 se suspenden las obras de remodelación
e).- En 1593 se concluyen los muros
f).- En 1611 se concluyó la obra salvo la cúpula y la torre
g).- En 1632 Se comenzó la decoración interior del templo
h).- El 12 de diciembre de 1659 se concluyó y bendijo la decoración interna de la Iglesia (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000).
i).- 1688-92 Se construye el retablo del altar mayor (Guía del Patrimonio Religioso de la Ciudad de Puebla, 1987, pág. 54).


Aparte de la labor evangelizadora de la Orden de Predicadores en la ciudad de Puebla y la región Mixteca, administraron el Colegio de San Luis que se encontraba en la cuadra entre las actuales 5 de mayo, 8 poniente y 10 poniente. Este Colegio funcionó como seminario para la formación de seminaristas de la Orden de los dominicos y también preparó a alumnos para tomar el examen para ser reconocidos como licenciados por parte de la Real y Pontificia Universidad de México.
            Lo que interesa para esta tarea es mencionar los elementos arquitectónicos  de la Iglesia que se especifican en el trabajo: algunos, como el púlpito ya fueron estudiados en líneas anteriores, pero faltan otros elementos que por los cambios que se dieron a partir del Concilio Vaticano II, y el documento Sacrosanctum Concilium, desentonan con el estilo barroco del retablo; como ejemplo podemos mencionar  el “altar separado del retablo y un ambón” además de la sillería entre las que está la sede, de madera y forma rectangular, que no hace juego con la magnificencia del retablo del altar mayor y que para el Maestro Merlo desentonan con el resto del conjunto, una opinión con la que concuerda el autor de este texto (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 385)El ambón es el lugar físico desde el que se proclama la palabra de Dios, contenida en la Biblia. Por ser el lugar desde el que se proclama la palabra divina, se considera un lugar sagrado que expone lecturas inspiradas por Dios. De acuerdo al catecismo de la Iglesia Católica se le describe como el lugar en el que "La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la iglesia haya un sitio reservado para su anuncio, hacia el que, durante la liturgia de la Palabra, se vuelva espontáneamente la atención de los fieles" (1184), pero es sencillo con una plancha de madera lo suficientemente grande para acomodar libros de gran tamaño, pero no es estéticamente hermoso, desde el punto de vista de este autor, hay una escena en bronce o imitación de bronce de lo que parece ser la anunciación. El ambón hace juego con el altar, que está hecho de los mismos materiales, sólo que muestra un perro con una antorcha iluminando a la tierra, el rostro de Cristo, la estrella que de acuerdo a la leyenda le vio la madrina de Santo Domingo de Guzmán el día su bautizo.
Al entrar se observa que a lo largo de la nave principal se construyeron capillas hornacinas logrando que la división original del templo, en tres zonas, quedara intacta: sotocoro, cuerpo de la Iglesia y el crucero con el presbiterio. Las yeserías que decoran las bóvedas de la iglesia, compuestas por motivos ornamentales y figuras de santos, fueron realizadas durante el siglo XVIII, casi dos siglos después que se había terminado la obra arquitectónica (Guía del Patrimonio Religioso de la Ciudad de Puebla, 1987, pág. 58)
Tabla 12. Nave del templo de Santo Domingo Puebla[17]
Al final de esa vista sobresale el altar es una parte importante de las celebraciones cristianas porque es sobre esa superficie que se conmemora la última cena, momento en el que Cristo los encomió a recordarlo al partir el pan y tomar del cáliz. El altar es aquel instrumento sobre el que se realiza tal acto conmemorativo desde el comienzo del cristianismo. 
Tabla 13. Altar mayor de la Iglesia de Santo Domingo, ver ambón y altar.[18]
La nave interior de la Iglesia—las bancas, los reclinatorios y la decoración—están encaminadas a que el individuo dirija la mirada hacia el altar mayor (Rose, 2001, pág. 623).
            No encontramos en este templo una pila bautismal: proponemos algunas hipótesis que faltaría corroborar. Santo Domingo fue una Iglesia en la ciudad naciente de Puebla antes de que se cambiara la Sede del Obispo de Tlaxcala a Puebla, así como existen pilas bautismales en algunos conventos de los dominicos en Yanhuitlán, Oaxaca, es probable que haya habido una pila bautismal en su templo y este desapareció por disposición del Obispo ya sea cuando se establecieron en la ciudad de Puebla o a partir de los problemas que se suscitaron entre el Obispo Juan de Palafox y Mendoza y las órdenes regulares. 
Tabla 14. Pila bautismal en convento dominicano en Yanhuitlán[19]
El tipo de decorado de la nave central de Santo Domingo es descrito como un “barroco rico” que contrasta con el barroco exuberante de la contigua Capilla del Rosario. El Barroco rico se caracteriza según Edgar Franco por “las columnas salomónicas, así como los trabajos de ‘yesería’ en el interior de los templos, ornamento más rico y cargado, siguiendo las pautas del capricho y la fantasía de los diseñadores” (Franco Flores, pág. 5)
 Epílogo.                                                               
El siglo XIX fue trágico para partes de la estructura del conjunto del convento y la Iglesia de Santo Domingo. Las leyes liberales del Presidente Juárez y la transformación del entorno cultural del México decimonónico significaron la transformación de muchos templos en la República mexicana. El templo poblano de Santo Domingo no fue la excepción, y aunque el objeto de nuestro estudio que es la nave principal no fue tocado, se destruyó su atrio para convertirlo en locales comerciales, se destruyó parte del claustro, las oficinas de la Inquisición y la capilla del Capítulo para construir la calle de Reforma (actual 6 poniente 100-200). La nave principal no fue dañada, pero en el crucero donde contemplamos la Capilla del Rosario, si volteamos la vista veremos un arco tapiado y en la parte inferior una imagen de la Virgen de la Soledad, a la que se le da el pésame en semana santa. Ese arco es la antigua entrada a la capilla del capítulo destrozado por las Leyes de Reforma. La austeridad del repellado de la pared, contrasta con los retablos de barroco exuberante que se encuentran a los lados y sirven de recordatorio de lo que ha perdido la Orden de Predicadores desde su arribo a la capital de Puebla en el siglo XVI.

Bibliografía

(s.f.).
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[1] [En este trabajo empleamos como sinónimos la Orden de Predicadores y la Orden de Dominicos o dominicana].
[2] [Ver tabla 2 para el escudo].
[3] [https://www.artmajeur.com/es/artist/guaubaca/collection/iglesias-en-america-latina-ii/1366561/artwork/puebla-mexico-iglesia-de-santo-domingo-y-capilla-del-rosario-vista-exterior/5353879].
[4][https://www.google.com.mx/url?sa=i&rct=j&q=&esrc=s&source=images&cd=&ved=&url=https%3A%2F%2Fcommons.wikimedia.org%2Fwiki%2FFile%3ADominican_cross_basic.svg&psig=AFQjCNHxYs-jslu26gAI9jSpoI92uBy9tw&ust=1500833388234050].
[5] [http://heraldicahispana.com/png/Daza2.png].
[6] [Recordemos que la Occitania en ese momento no era aún parte del reino de Francia].
[7]  (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 383)
[8] [http://static.panoramio.com/photos/large/9412473.jpg].
[9] [ver tabla 5].
[10] [Hay debate sobre que tanto influyó Catalina en la decisión del Papa de regresar a Roma].
[11] (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000)
[12] [http://i.ytimg.com/vi/9Yq3iVyPRiQ/mqdefault.jpg].
[13] (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 370)
[14] (Merlo Juárez, Eduardo y José Antonio Quijano Fernández, 2000, pág. 367)
[15] [http://scontent.cdninstagram.com/t51.2885-15/s480x480/e35/17076254_1367031060002410_376204728146591744_n.jpg?ig_cache_key=MTQ2Njk4MjgxMDg2Mjk5MzI2OA%3D%3D.2].
[16][https://www.google.com.mx/search?q=pulpito+santo+domingo+puebla&site=webhp&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwj-656G1Z3VAhVJ0iYKHWEDDCYQ_AUIBigB&biw=1920&bih=925#imgrc=w78cxtRUg4SJqM].
[17] [https://media-cdn.tripadvisor.com/media/photo-s/06/c8/21/ce/church-of-santo-domingo.jpg].
[18] [http://cvc.cervantes.es/img/puebla/Paseo/templo_domingo5.jpg].
[19] [http://www.mexicoenfotos.com/imagenes/galerias/MX14094263319586.jpg].

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