martes, 15 de agosto de 2017



El trabajo a  desarrollar en esta etapa es el  siguiente de acuerdo a los tiempos marcados en la Guía específica que pueden ver en la semana 1:
 Investigar en el periodo paleocristiano y bizantino las características y ubicación de los siguientes elementos
                                                      - altar
                                                     - ambon
                                                     - sede
                                                     - reserva eucarística
                                                    - bautisterio (características y como se ejecutaba)


1.- El altar es una parte importante de las celebraciones cristianas porque es sobre esa superficie que se conmemora la última cena, momento en el que Cristo los encomió a recordarlo al partir el pan y tomar del cáliz. El altar es aquel instrumento sobre el que se realiza tal acto conmemorativo desde el comienzo del cristianismo.  El altar se cita cuatro veces en el Nuevo Testamento. En Hebreos 13:10 se afirma ya la existencia de los altares y su uso por los cristianos: “Tenemos nosotros un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la tienda” (La Biblia de Jersusalén, s.f.). San Juan Crisóstomo describía la acción que ocurre en el altar como “una acción divina… en la que el hombre es sólo un intermediario de Dios y nada humano ocurre ahí” (Wuerl, Donald y Mike Aquilina, 2013, pág. 92), dándole una importancia superior a la estructura de sólo ser un lugar de apoyo para el sacerdote. En la etapa paleocristiana (entre 33 d.C. y 313 d. C.) los altares eran portátiles y algunos autores afirman que la celebración eucarística ocurría en las catacumbas “empleando los sarcófagos de los mártires” para realizar la misa, aunque esto esta hipótesis es disputada por otros historiadores. Esto indica que los primeros altares fueron de madera y se ubicaban dentro de las casas en “los comedores o cuartos de trabajo donde adoraban los primeros cristianos” (Wuerl, Donald y Mike Aquilina, 2013, pág. 95), donde en caso de ser necesario, podían ser removidos fácilmente. Sabemos que se usaba la madera en el Imperio Romano de Occidente a partir de la información que proporcionan San Agustín de Hipona y San Óptate de Mileve: en el primer caso Agustín criticó a unos disidentes que destruyeron el  altar de madera para golpear con las tablas al Obispo Maximiano, mientras que Óptate relata que los seguidores de la herejía de los Donatistas destruían los altares de madera (Knight, 2012).
A partir del cambio de estatus de la religión cristiana dentro del imperio romano con el Edicto de Milán y él apoyó que brindó el Emperador Constantino a los seguidores de Cristo, los altares se hicieron de piedra, “por lo menos en el imperio romano de Oriente” (Wuerl, Donald y Mike Aquilina, 2013, pág. 95). Los altares en los lugares donde no ocurría una persecución tendían a ser de piedra: San Gregorio de Nysa escribió sobre la consagración de un altar de piedra y Pulquería, la hermana del Emperador Bizantino Teodosio II, donó un altar de oro a la Basílica de Constantinopla (Knight, 2012). La piedra tenía un significado especial ya que conmemoraba las palabras de Jesús a Pedro de que sobre esa piedra fundaría su Iglesia (Knight, 2012). Mientras que en el paleo cristianismo el altar era movible, dependiendo de las necesidades a las que se enfrentara la comunidad cristiana, a partir de Constantino la ubicación del altar permanece estática, ya que las iglesias se construyen ex profeso como edificios públicos a los que pueden acudir los fieles, sin miedo a ser perseguidos. Este cambio propició la construcción de varios templos en el que las estructuras se construyeron en torno a los altares.  En las basílicas paleocristianas (Pre y post constantinianas) los altares se colocaban sobre el martyrium,[1] “Muchas veces en el límite entre el presbiterio y la nave central. En las basílicas norafricanas el altar se colocaba aproximadamente al centro de la nave” (Castellanos Gómez, 2017). Aunque sólo había un altar por Iglesia, podían existir otros altares menores en las capillas laterales. El motivo por esta decisión era que hasta el siglo V el Obispo oficiaba la misa asistido por el clero, quienes recibían la comunión de sus manos, motivo por el que sólo hubiera un altar en la Iglesia (Knight, 2012).
2.- El ambón es el lugar físico desde el que se proclama la palabra de Dios, contenida en la Biblia. Por ser el lugar desde el que se proclama la palabra divina, se considera un lugar sagrado que expone lecturas inspiradas por Dios. De acuerdo al catecismo de la Iglesia Católica se le describe como el lugar en el que "La dignidad de la Palabra de Dios exige que en la iglesia haya un sitio reservado para su anuncio, hacia el que, durante la liturgia de la Palabra, se vuelva espontáneamente la atención de los fieles" (1184). El Evangelio de San Lucas explica que leer la liturgia no fue una invención posterior de los Cristianos, sino que el mismo Jesús leyó un pasaje del Profeta Isaías en la Sinagoga de Nazaret “interpretando su significado para la congregación” y explicando que frente a ellos se había realizado la profecía de Isaías (Lucas 4:17-21). En otras partes del Nuevo Testamento se reafirma que se hacían las lecturas públicas de las escrituras (1 Timoteo 4:13 y Tesalonicenses 5:27 son dos ejemplos de este tipo de lectura ante la comunidad cristiana). El ambo en el paleo cristianismo y después de Justiniano era el lugar desde el que se leía o cantaba el Evangelio y las epístolas (Knight, 2012).
 Originalmente el ambón se ubicaba en la nave y descansaba sobre dos escalones, uno enfocado al oriente (que era el lado del altar) y otro al oeste. Del lado este el diácono leía las epístolas mientras que del lado occidente, leía el Evangelio hacia el público de la Iglesia. Los inconvenientes de este tipo de ambón se hicieron manifiestos por la incomodidad de tener que cambiar de posición, por lo que en algunas iglesias se construyeron dos ambones, colocados generalmente a los lados del coro (Knight, 2012), que estaba separada de la nave y los pasillos por un muro pequeño.
3.- La sede proviene “del latín sedes que significaba asiento”  (Etimologías de Chile, 2000-2017) y tiene como base la silla de las personas que mandaban, aunque posteriormente se identificó como sede al edificio que se construyó en torno al asiento del Obispo. Originalmente la sede o catedra se encontraba elevado al centro del ábside, flanqueado por bancos en los que se sentaban los sacerdotes auxiliares (Knight, 2012).Mientras que en Roma se empleaban sillas de mármol con el respaldo redondeado, en África se empleaban sedes de madera (Knight, 2012). En los primeros siglos del cristianismo, era común que el Obispo impartiera la homilía sentado en la sede de cara a la congregación, pero en las Basílicas post constantinianas esto se tornó impráctico, de ahí que surgió la necesidad de una silla movible (Knight, 2012).
4.- La reserva eucarística o Ciborio surgió en el contexto de la antigua Roma como una copia de los baldaquinos que se empleaban para cubrir a los emperadores o personajes ilustres (van Hemeldonck, s.f.), conocidas en la Antigua Roma como Edículos. Algunos de los ciborios eran portátiles y temporales, mientras que otros estaban incorporados al muro. En el caso de la Iglesia del Santo Sepulcro, el Emperador Constantino mandó construir un ciborio que cubriera la planta de la iglesia y según algunos autores esta creación pudo haber inspirado el desarrollo y construcción de otros ciborios en las Iglesias del Imperio Romano. La historia nos narra la existencia de ciborios en distintas partes del Imperio romano de Oriente y Occidente. Un ejmplo se dio en la Basílica de San Juan de Letrán probablemente en el que existió un ciborio que fue destruido o robado por los Visigodos en el siglo V de nuestra era (Krouse, 2007). Aunque no perduran ciborios hechos de metales preciosos, se sabe que en la antigüedad se empleó plata para decorar algunas de estas estructuras (Krouse, 2007).
5.- El bautismo es uno de los sacramentos más importantes de la Iglesia Católica, como describe el catecismo de la Iglesia Católica:
La reunión del pueblo de Dios comienza por el Bautismo; por tanto, el templo debe tener lugar apropiado para la celebración del Bautismo y favorecer el recuerdo de las promesas del bautismo (agua bendita). La renovación de la vida bautismal exige la penitencia. Por tanto el templo debe estar preparado para que se pueda expresar el arrepentimiento y la recepción del perdón, lo cual exige asimismo un lugar apropiado. El templo también debe ser un espacio que invite al recogimiento y a la oración silenciosa, que prolonga e interioriza la gran plegaria de la Eucaristía (1185).
La descripción anterior enfatiza la importancia del bautismo y el espacio físico que se requiere para su establecimiento. En la época paleocristiana, los bautisterios se encontraban dentro de casas que habían sido adaptadas para los usos de los primeros cristianos. Un ejemplo de este tipo de casa adaptada para ser utilizada por los cristianos se encuentra en Siria en Duros Europos. En el caso particular de esta casa que
En el ala norte se encontraba un espacio más pequeño caracterizado con pintura mural con un pequeño estanque cubierto por un ciborio, la piscina bautismal. El espacio ubicado entre la sala de la comunidad y el bautisterio pudo ser un espacio destinado a los catecúmenos, o bien para el ágape o una bodega (Castellanos Gómez, 2017).
Los bautisterios si eran de planta centralizada, generalmente se instalaban en un edificio independiente, ubicado en torno a las basílicas importantes. A partir del siglo IV de nuestra era según el Cardenal Donald Wuerl los bautisterios comenzaron a adoptar una forma octagonal que simbolizaba el octavo día (es decir, el día siguiente a los siete días de la creación), entendido como un nuevo comienzo después de la creación. (Wuerl, Donald y Mike Aquilina, 2013, pág. 77). En las basílicas paleocristianas y constantinianas “Los bautisterios, de planta centralizada, generalmente se instalaban en un edificio independiente, ubicado en torno a las basílicas importantes” (Castellanos Gómez, 2017). Pierre Du Bourguet explica que para el siglo IV los bautisterios estaban vinculadas con la estructura principal del espacio físico de la Iglesia, “continuaba siendo independiente y sin una ubicación concreta” (Du Bourguet, 1971, pág. 164), agregando que la forma común era rectangular o cuadrada; mientras que al principio del siglo IV no estaba techado, al final del siglo se comenzaron a emplear techos abovedados y fue entonces que se empleó al octágono como la forma que rodeaba a la pila bautismal (Du Bourguet, 1971, pág. 164).

Referencias

(s.f.).
Bowersock, G. P. (1999). Late Antiquity: A Guide to the Postclassical World. Cambridge: University of Harvard Press.
Castellanos Gómez, S. (15 de Mayo de 2017). UPAEP Online. Obtenido de Semana 2: https://virtual.upaep.mx/bbcswebdav/pid-7660204-dt-content-rid-16568811_2/courses/25_110_27100004_01/Paleocristiana%202.%20Precons-Const-potscon-.pdf
Du Bourguet, P. (1971). Early Christian Art. Nueva York: Reynal & Co.
Etimologías de Chile. (2000-2017). Obtenido de http://etimologias.dechile.net/?sede
Knight, K. (2012). New Advent. Obtenido de Catholic Encyclopedia: http://www.newadvent.org/cathen/01346a.htm
Krouse, D. W. (2007). An introductory dictionary of theology and religious studies. Liturgical Press.
La Biblia de Jersusalén. (s.f.). Obtenido de Biblia Católica: http://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/hebreos/13/
van Hemeldonck, G. (s.f.). Ciborium . Obtenido de Grove Art Online: Universidad de Oxford: http://www.oxfordartonline.com/subscriber/article/grove/art/T017726
Wuerl, Donald y Mike Aquilina. (2013). Nueva York: Crown Publishing Group.






[1] El martyrium es una Iglesia con una estructura específica centrada en torno a un patio central que tiene una forma circular, octagonal o cruciforme (Bowersock, 1999, pág. 376)

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